Llave de Oro...
- Martin Fuentes

- 6 may
- 3 min de lectura

Existe una llave silenciosa, poderosa y siempre disponible para ti: el sagrado Yo Soy...
Desde las bases de la metafísica, el conocimiento del Yo Soy es, en su esencia más simple, una afirmación viva; es la manera en que te nombras, te reconoces y te declaras ante la vida. Es, literalmente, el código sobre el que creas tu experiencia desde adentro hacia afuera, así que no es algo abstracto ni distante...
Cuando dices y sientes el “Yo soy”, no estás pronunciando una frase cualquiera. Estás abriendo una puerta. Estás utilizando una llave de oro. Los grandes maestros y maestras, pioneros en los estudios y prácticas metafísicas, han insistido en este poder que coloca al ser humano como uno con Dios...
Al decir en conciencia “Yo Soy”, no hablas desde el personaje que has construido —ese que cambia según el entorno, las creencias sociales, políticas o religiosas—, sino desde la chispa divina que habita en tu interior...
Entonces puedes comprender que hay dos maneras de habitar ese “Yo Soy”. Una, limitada, inconsciente, repetitiva: “yo soy incapaz”, “yo soy débil”, “yo soy insuficiente”. Y otra, expansiva, creadora, luminosa: “YO SOY digno”, “YO SOY amor”, “YO SOY paz”, “YO SOY riqueza”. Y aquí es donde la enseñanza se vuelve muy práctica...
Porque no necesitas retirarte del mundo ni transformarte en algo inalcanzable. Basta con observar lo que afirmas de ti a lo largo del día. Se dice que cada afirmación es una semilla, y el terreno donde cae es tu propia conciencia. El Yo Soy no puede sostenerse en lo falso sin generar consecuencias...
Cuando afirmas negativamente hacia otros o hacia ti, ese eco regresa. No como castigo, sino como reflejo. Porque todo lo que sale de ti, inevitablemente, pasa primero por ti. Por eso, el verdadero uso del Yo Soy está íntimamente ligado a la virtud. No puede separarse de ella...
No existe, desde el Yo Soy, el obtener sin dar, o el cosechar algo que no se cultiva. Sin despertar a la conciencia espiritual —la afirmación de lo divino en ti—, la paz interna, la armonía, las buenas relaciones, la riqueza, parecen ideales lejanos, incluso fantasías, o algo reservado para unos cuantos. Pero nada más lejos de la verdad...
Cuando tú, en medio de un día ordinario, decides decir conscientemente “YO SOY paciencia” en lugar de reaccionar; “YO SOY comprensión” en lugar de juzgar; “YO SOY fortaleza” en lugar de rendirte, algo comienza a cambiar, poco a poco, pero de forma notable. Empiezas a vislumbrar una verdad que siempre ha estado presente: no estás separado de lo Divino...
Eres una expresión de ello. Y desde ahí, la vida deja de ser únicamente algo que sucede, para convertirse en algo que creas con intención. Despertar a la noción de que eres hija o hijo del Creador no es una idea simbólica, sino una condición viva. Eso te devuelve a la dignidad por el simple hecho de estar aquí, y, desde ese lugar, a ser un receptáculo de lo que por tu naturaleza te corresponde: una vida hermosa, elevada, bondadosa, creativa y próspera...
Cuando tengas un momento de conciencia —aunque sea breve—, detente. Respira. Y recuerda: tienes en tus palabras y en la forma en que te sientes una llave de oro. Úsala con amor. Úsala con verdad. Afirma la verdad de tu Yo SOY, y permite que las virtudes de lo Divino se expresen plenamente en tu vida...


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